Gestión del tiempo saludable o ¿Cómo ser eficiente olvidándote del reloj?

Desde hace un mes comencé con una cliente unas sesiones de gestión del tiempo saludable. Ella necesitaba compaginar su trabajo como autónoma con su vida personal y sentía que perdía bastante el tiempo. Me comentaba que es una persona que no es muy disciplinada, impulsiva y con una planificación de tiempo prácticamente escasa o nula. El motivo: está en plena maternidad.

No puedo negar que cuando me contó su situación, el caso me suponía todo un reto. Porque ya sabía de antemano que no servirían herramientas informáticas como el Trello o el Asana, o metodologías como el GTD. Tenía que hacer uso del humanware todo lo que pudiera. Así que con un folio A3 de por medio, y mucho entusiasmo, nos pusimos a trabajar.

El primer reto era lograr una gestión del tiempo saludable: poder conciliar su vida personal con su vida profesional.

¿Es posible una gestión del tiempo saludable?

para una gestión del tiempo saludable uno tiene que ser honestoSuele ocurrir que cuando queremos mejorar nuestro rendimiento u optimizar los recursos recurramos a cursos y/o libros sobre el tema. Este proceso suele conducir a aplicar una serie de metodologías, normas y hábitos. Si la persona es disciplinada, es perfecto porque se adapta a ello y se vuelve más eficiente. Sin embargo, ¿esa persona ha conocido cuál es su propio ritmo?

Si la persona es más impulsiva o indisciplinada, este tipo de libros pueden generar frustración (“pan para hoy, y hambre para mañana“). También el efecto dieta puede estar presente porque a los pocos días o semanas se puede volver al mismo caos. La conclusión que he obtenido es la misma, ¿qué hacer para que uno conozca cuál es su propio ritmo? ¿Y cómo hacer para que luego sea saludable para la persona? Porque estoy seguro que conocerás personas a tu alrededor con úlceras, ansiedad o con la obligación de hacer ejercicio para mantener el ritmo de trabajo y descargar tensiones.

Entonces, ¿cómo utilizo mi tiempo?

Para responder a esta cuestión es fundamental realizar un proceso de autoconocimiento temporal. Para ello, el primer paso es conocer la siguiente información:

  1. Qué actividades son las que generan una mayor motivación interna (y por tanto mayor potencial creativo).
  2. Cuáles son aquellas que se van postergando más (generadores de ladrones del tiempo).
  3. Observar las relaciones que hay entre unas tareas u otras (atendiendo a posibles cuellos de botella).
  4. Aquellas acciones que comprometen diferentes tareas (siendo realmente proyectos y por tanto, con variadas dependencias).

Una vez recopilada esta información, entra un aspecto fundamental: el respeto a uno mismo.  Porque para una gestión del tiempo saludable es necesario poder cuidarse y ser consciente de sus propias necesidades. Si uno quiere ser eficiente a costa de perder libertad, autonomía, placeres lo más probable es que genere irritación que a corto o largo plazo. Y eso repercutirá en una menor rentabilidad en las acciones. Y si voy a sentirme culpable porque no cumplo lo que he previsto, tampoco es muy productivo.

En el caso de la cliente, eso nos supuso el poder clarificar cómo distribuía el tiempo. Poder observarlo desde fuera y ver qué había posibilidades de mejora a la hora de conciliar sus diferentes actividades, ya le supuso un gran alivio.

Porque… ¿se puede ser eficiente sin un reloj?

Ahí, es donde es realmente importante otro detalle en este proceso: ser honesto con uno mismo. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados a creer que una tarea debe realizarse en un tiempo determinado. Puede estar marcado por lo que ha hecho otra persona o lo que nos dicta un libro o lo que nos exige un cliente o un jefe. Sin embargo, desde mi experiencia, desde ahí es muy complicado llegar a disfrutar de una gestión del tiempo saludable. ¿Y entonces cómo?

Pues a través de la citada honestidad, si puedo observar al finalizar el día, sin que sea nunca una competición:

  • Cuánto me han costado las diferentes tareas de un día;
  • Cuánto necesito descansar;
  • En qué momentos necesito relajarme o hacer ejercicio.
  • Qué tareas he disfrutado más y cuáles menos.

Esa observación la puedo mantener primero durante varios días seguidos, luego semanas, y hasta ahí como una rutina. Eso me permitirá tener un autoconocimiento de cómo ocupo mi tiempo. Si alguien me puede acompañar en el proceso, mejor que mejor. Entonces, cuando quiera planificar algún proyecto u tarea para el futuro, podré tener más información al respecto. Y por tanto, ser más fiable y ser capaz de gestionar mi tiempo de forma más saludable.

Conclusión: en la atención está parte de la solución

Concluyendo, una gestión de tiempo saludable depende tanto de cómo actúo así como de cómo me trato (a nivel corporal, emocional y mental). Si soy capaz de poder ahondar en estas cuestiones, habré dado un paso grande. En el caso de la cliente, ahora ya estamos en un proceso de revisión, pero me comenta que se encuentra más animada y orgullosa porque se siente más autónoma y sin parte de la culpabilidad inicial para tareas futuras. Os seguiré contando si surge en su proceso algo de interés.

 

¿Consideras que me he dejado algún tema abierto? ¿Surge alguna duda? ¿Crees que se puede mejorar? Cualquier idea es bienvenida. Al fin y al cabo, me baso en mi experiencia, y como tal siempre se aprendemos unos de otros.

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