Self: el concepto complejo – Aclarando Terapia Gestalt

Uno de los términos más complejos de la Terapia Gestalt, a la par que principales, es el de self. Y aunque se incide en éste durante las formaciones, cuesta poder asimilarlo. Por ello, quiero adentrarme en explicaros de la forma más simple posible dicho término a partir del símil del fuego. Porque a nivel más teórico ya hay referencias muy ricas.

¿Por qué el concepto del self es tan difícil de entender?

El self según la definición del documento base en Terapia Gestalt, el PHG, tiene dos acepciones claras: “el sistema de contactos en cualquier momento” (pg. 15) o “la función de contactar el presente real efímero” (p. 187). Sin embargo, dicho así sin un contexto que pueda apoyarlo cuesta poder entenderlo. Porque… ¿qué es un sistema de contactos? ¿Qué significa el contacto?

El contacto

Contacto es un término abstracto. De eso no hay duda. Por ello, habrá que ir desmenuzándolo en experiencias. Para ello, me sitúo en el momento presente. (Si quieres también puedes practicar este ejercicio conforme lees esta entrada). Contacto con la sensaciones de mi piel, de mis dedos sobre el teclado; el aire que entra y sale continuamente en mis pulmones; la música y los ruidos que hoy; mi angustia y vértigo de si se entenderá lo que escribo; mi pensamiento acerca de lo que opinarán al leerlo. Contacto en todo momento, a través de mis sentidos, mis emociones y pensamientos con mi entorno. Y, lo que olvidamos a veces, pues el contacto es una relación, es que el entorno también contacta con nosotros a la vez. Debido a eso tanto cada uno como nuestro entorno está en constante cambio.

De ahí podemos entender que el self si está relacionado con el acto de contactar en el momento presente. Pues el presente es el único tiempo existente en el terreno de los fenómenos. No obstante, ¿dónde ponemos el foco de esos contactos? ¿En nosotros o en el entorno? Pues ninguna de las dos.

El self no es una cosa ni una persona

Así entramos en otro de los problemas que plantea este concepto. Pues en el estudio del comportamiento humano, el concepto nuclear casi siempre ha sido la persona/organismo. Sin embargo, el concepto de self no está basado en un individuo. Está basado en el contacto como realidad primera y más simple. Al estar basado en esa relación constante y mutua que tiene el organismo y el entorno, el self no es ni el entorno ni una persona. No es tampoco algo fijo y constante. Sino que es variable y dinámico.

Así el self puede ser fuerte, si hay mucha intensidad en una relación (como sucede en un conflicto entre dos personas), o puede ser muy débil cuando lo realiza una persona al contactar con el entorno de forma mecánica (caminar). Obviamente, dependerá del momento y de la situación. Y caminar para una persona que ha tenido un accidente puede generar un self muy fuerte. O un conflicto en una pareja, si es algo rutinario, puede generar un self muy débil al no haber presencia en la relación. Pero mejor aclarar esto con un ejemplo más extendido.

Un ejemplo del self: el fuego

Imaginemos al self como una radiación de energía (p. ej. calor) para que lo entendamos. Es decir, pensemos en el fuego de una chimenea. Las llamas están emanando gracias a un tronco de madera. Podemos ver las llamas en constante movimiento y en diferente color. Sin embargo, la visualización de esas llamas (con su conjunto de colores y formas) no son por lo único que percibimos el fuego. También notamos a una cierta distancia el calor (diferencia de temperatura) que emana de ello, que conforme nos acerquemos más, lo notaremos con más intensidad.

Pues el self podríamos decir que es el conjunto de llamas más el calor que emanan a su alrededor. Así el organismo sería el tronco y el entorno es el aire, la chimenea, las personas y demás con sus características apropiadas que modifican también la interacción del tronco. Conforme el tronco se va quemando deja un rastro de la experiencia que serían las cenizas. (Eso daría pie para explicar las funciones del self, pero de eso ya hablaremos en otro momento).

Cuando el incendio abarca a más de un tronco: self grupal

Cada tronco se quemará de forma diferente. Y el mismo tronco en otra chimenea con un tiro diferente se quemaría de otra manera. De esa forma, cualquier variación en el tronco y en el entorno generan resultados nuevos pese a que podamos comprender el acto de quemarse la madera de un tronco. Tanto la persona como el tronco llegarán a un punto en que serán cenizas. Pero lo importante no habrá sido tanto el tronco o la persona sino la transformación que esa relación habrá generado.

Y si juntamos no solo un tronco y pensamos en un incendio en un bosque podríamos pensar en un grupo. Y dicho grupo generará un self grupal. De la misma manera, el incendio va relacionar diferentes plantas y árboles pero es el mismo fuego, la misma gran llamarada. E incluso puede que los propios árboles tengan mecanismos para expandir el fuego (y resucitar de sus cenizas): como es el caso del pino canario. Así el self grupal puede involucrar a diferentes individuos en cada momento. Les puede generar heridas, cambios más o menos sustanciales, o les transformarán por completo. Sin duda, las experiencias capitales en la vida de cada uno nos deja huella.

Así es el self, en continuo cambio. Pese a que podamos comprenderlo teóricamente, y sea un acto que se repite innumerables veces en todo momento con diferente intensidad, es único e irrepetible. Como este momento. Ya pasó. Ya es nuevo.

Y gracias por leer mi reflexión, ya sabes que cualquier comentario es bienvenido. Si tienes dudas, por favor, pregunta. Y claro, estoy abierto a cualquier sugerencia.

Fotografía por Olivia Henry en Unsplash

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